
Construimos nuestros calentadores de torre por una razón sencilla: proteger obras de arte valiosas.
En galerías y museos, el calor debe cumplir su función sin afectar las piezas. Sin deformaciones. Sin decoloraciones. Sin estrés en los materiales. Por eso descartamos el enfoque habitual de calentar el aire y optamos directamente por la radiación infrarroja. Calienta lo que necesita calentarse—suelos, paredes, personas—sin agitar el aire.
Lo que hay bajo el capó: potencia que se ajusta a su espacio
El núcleo del calentador es un módulo de lámpara infrarroja de alta intensidad. Lo configuramos para funcionar con tensiones industriales estándar, normalmente 230V o 400V, según la instalación del edificio. Esto nos permite concentrar una potencia considerable—de 1500W a 2500W—en un diseño vertical y compacto.
¿El resultado? Gran capacidad térmica con poca ocupación de espacio. Cubre áreas abiertas o focaliza una zona sin necesidad de complejos conductos. Un punto a considerar: debido a la concentración del calor, los armarios eléctricos y sistemas de refrigeración cercanos deben estar clasificados para soportar temperaturas elevadas.
Los materiales que garantizan estabilidad y resistencia
En el interior se encuentra un tubo de cuarzo relleno de halógeno. El gas halógeno protege el filamento, manteniendo estable el rendimiento y prolongando la vida útil de la lámpara en comparación con una incandescente convencional. El recubrimiento de cuarzo dirige la energía infrarroja exactamente donde se requiere—calor directo, no aire caliente.
Para la conexión utilizamos un conector R7s. Sus pines de doble extremo proporcionan una conexión firme y segura, fácil de cablear y capaz de soportar los impulsos eléctricos al encender y apagar sin aflojarse. Es un reemplazo sencillo y fiable para luminarias industriales existentes.
La experiencia de uso: control silencioso, sin concesiones
Aquí es donde se percibe la diferencia. El haz infrarrojo calienta directamente las superficies y personas, manteniendo estable el aire ambiente. Sin corrientes. Sin levantar polvo ni microorganismos que puedan depositarse sobre objetos delicados.
Para los conservadores, esto implica un clima estable que no afecta a los artefactos. El espacio se calienta rápidamente, sin desperdicio energético, ofreciendo un método limpio y controlable para el cuidado del patrimonio cultural. Es un sistema preciso, cuidadoso y efectivo, que cumple su función sin llamar la atención.