
Por qué dejamos de usar aire caliente y optamos por la radiación infrarroja en la fabricación de biosensores
Cuando se fabrican biosensores, el paso más complicado suele ser el secado de las capas finas que se forman durante su producción. La mayoría de las líneas de producción tradicionales todavía dependen del uso de aire caliente. Pero seamos honestos: este método es lento y dificulta todo el proceso.
El verdadero problema con el aire caliente es que primero hay que calentar el aire, luego la cámara en la que se encuentra el sensor, y finalmente el propio sustrato. Es como intentar calentar una casa calentando primero el camino de entrada. Ese retraso representa tiempo desperdiciado que no puede recuperarse.
Las lámparas de radiación infrarroja cambian completamente las cosas. En lugar de calentar toda la habitación, emiten radiación electromagnética directamente hacia el objetivo. No hay intermediarios. La energía llega instantáneamente al sustrato, lo que permite alcanzar la temperatura deseada mucho más rápido. Se puede reducir el tiempo de secado entre un 30% y un 60%, dependiendo del espesor del sustrato.
Es como la diferencia entre un martillo y un bisturí.
Con el aire caliente, simplemente se calienta todo dentro de la cámara. Con la radiación infrarroja, podemos dirigir el calor exactamente donde sea necesario, sin que eso afecte negativamente al sustrato. Esto permite un nivel de control que no es posible con un ventilador o un calentador común.
Pero esto no significa que sea algo tan simple como “conectarlo y olvidarse”. Las lámparas de alta intensidad generan mucho calor. Si no se controlan adecuadamente los ventiladores o sistemas de enfriamiento, los sensores podrían dañarse o incluso derretirse. Además, es necesario asegurarse de que el espectro de luz emitido por las lámparas coincida con la banda de absorción del polímero utilizado, de lo contrario, solo se desperdiciará electricidad.
Si la producción se ve obstaculizada en la etapa de secado, es probable que el culpable sea el uso de aire caliente. Al pasar a utilizar la radiación infrarroja, se puede reducir el tamaño del horno de secado, ya que no se necesitan tantas cintas transportadoras para que las piezas se sequen adecuadamente.
Se pueden producir más piezas por hora. Para quienes quieren aumentar la producción de biosensores, esta es prácticamente la única solución viable.